Tribuna de Regina Ghisi – ETHIC –
Pasa de todo y, al mismo tiempo, no pasa nada. Quien esté dispuesto a descifrar este presente, que arroje la primera piedra. Elecciones autonómicas, generales, europeas. Giros inesperados en las estrategias políticas. Amigos, enemigos, nuevos amigos que antes eran enemigos. Partidos políticos congelados en otro tiempo; nuevas marcas emergentes como el autotune, y otros que resurgen. Convulsión política, imprevisibilidad e inestabilidad. Pasa de todo.
A la par, una ciudadanía cada vez más perpleja que observa, expectante, las páginas vacías de los programas, esperando que se llenen de sentido, de contenido real. Que las promesas dejen de ser solo promesas, oportunistas e ilusorias. Que quienes toman decisiones las tomen. No pasa nada.
¿Es que estamos condenados a este presente?
Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres y de la asociación Yo No Renuncio, y Antonio García Allut, director ejecutivo de la Fundación Lonxanet, lo ven como una oportunidad.
Con proyectos y objetivos de naturaleza disímiles –la primera trabaja por la instauración de un nuevo modelo social que culmine con el desarrollo de un Plan Nacional de Conciliación, y el segundo, por la creación de nuevas estructuras de gobernanza para preservar nuestros océanos–, Laura y Antonio pertenecen al ecosistema del emprendimiento social, una fuerza renovadora que, consciente del poder de las políticas –las leyes– como palancas de cambio, se presenta como un movimiento capaz de romper con las inercias de siempre para revitalizar la conversación pública y nuestra agenda-país, aportar soluciones concretas para construir un nuevo sistema. Como nos recordaba hace no tanto Eduardo Madina, a este proceso de descentralización –necesaria– de la conversación política, el filósofo y político italiano Gianni Vattimo lo llama «pensamiento débil».
El pensamiento débil abraza las experiencias de la verdad contada y dominante, y hace verdad el reconocimiento de muchas verdades
El concepto, sin embargo, es más fuerte de lo que parece: entendiendo por metafísica la idea de que existe un saber total, este se postula como anti –y no es para débiles posicionarse–. Con un afán de mermar las rigideces y pretensiones totalizadoras de las supuestas verdades absolutas, el pensamiento débil abraza las experiencias de la verdad contada y dominante, y hace verdad el reconocimiento de muchas verdades. Las que quieren romper con el orden establecido. Las que saben que hay algo por cambiar.
«Incidencia para el Cambio», una comunidad impulsada por Ashoka y The Good Lobby en España, gracias al apoyo del Plan Allen de Ikea, es un programa débil (en el sentido provocador que nos plantea el filósofo italiano) y eso, al mismo tiempo, es lo que lo hace fuerte. Con el fin de incrementar el impacto de las soluciones propuestas por los fellows de Ashoka ante distintos retos sociales, el programa se ha propuesto ofrecer herramientas, capacitación y acompañamiento a los emprendedores y emprendedoras sociales en sus estrategias de influencia pública para poder cambiar las cosas, para construir nuevas verdades.